Siguiendo la tónica de alejar los ojos de las autoridades y dirigirlas a nosotros, los ciudadanos del mundo, esta semana me di cuenta que en México padecemos de un gran mal que se ha ido esparciendo como la gangrena: el compadrazgo. Y no me refiero a esa relación de compromiso moral que se adquiere con alguien por compartir la tarea de acompañamiento de pequeños con el título de padrino o madrina o por financiar algún gasto para la boda, no, me refiero a ese sentimiento de influyentismo que nos asalta cuando hacemos alarde de conocer a un tercero ante el cual podemos concertar algún tipo de privilegio a favor de alguien.
Expresiones como estas fueron las que escuché:
Mira mija, tú ve con la dueña y dile que eres mi sobrina, la sobrina de la bonita, yo tengo muchos privilegios porque estoy bonita y cuando sepa que eres mi sobrina te va a tratar igual.
O: ¿trajiste tu solicitud? Si no, no importa al cabo que cuando lleguemos, te pasan primero y no vas a necesitarla porque vas conmigo.
Otra más: tú no te preocupes, tú sí tienes palancas y con eso entras, al cabo mi compadre ya es funcionario público y él nos va a acomodar, cómo que me debe un favorcito.
Decires más, decires menos y así, la cadena se extiende en horizontal y vertical.
Quizás podríamos objetar que un favorcito a nadie se le niega, quizás, pero lo que en esto está implicado es esa actitud de estar constantemente brincando los procedimientos, reglamentos, perfiles profesionales y personales y accedemos o aceptamos acceder a tareas para las que no estamos capacitados y muchas veces ni siquiera nos interesa cumplirla cuanto no sea cobrar un salario.
Entiendo que se siente uno importante por ser tomado en cuenta a la hora de recomendar a alguien sólo que no nos extrañe que en los altos niveles de mando también se de esto, sobre todo cuando la “recomendación” nace de un compromiso político alto y el favor a retribuir no tiene nada que ver con los intereses de la patria y mucho menos con capacidades de desempeño laboral.
Vamos pensando bien a quien recomendamos y para qué, y no lo hagamos con el orgullo o la indolencia e irresponsabilidad por delante sino con el justo conocimiento de las capacidades. Ese será el primer paso para empezar a desestabilizar este nefasto sistema de favores y compromisos que está matando a nuestro país con una escalada galopante de ineptitudes, falsas promesas y logros fallidos que están literalmente, desangrando a México y minando la voluntad, aspiraciones y justas ilusiones de su gente.
¿Por qué no le hacemos un favor a nuestro país y dejamos de lado el favoritismo?
Marialeonor Carrillo le deja sus palabras, usted, usted decide que hacer con ellas.
Que tenga un buen día. Pásela rico, le mando un beso.
- 120910-




